El Contrataque del Plan Colombia

Cuatro-F-30-BAJA4215Prensa Cuatro F/ Carlos Machado Villanueva

Para controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia

Las recientes y peligrosas afirmaciones del jefe del Comando Sur, general Jhon Kelly, según las cuales desde territorio venezolano sale la mayor cantidad de droga, ha encendido las alarmas entre quienes saben, incluidas nuestras autoridades civiles y militares, que tales señalamientos contra el país que hoy según la mismísima ONU cumple con los estándares de lucha contra este flagelo, forma parte de la escalada de agresiones estadounidenses contra Venezuela, e incluso pone de nuevo sobre el tapete de la opinión pública al tristemente célebre Plan Colombia.

El pasado lunes 22 de junio, el periodista José Vicente Rangel en su columna “El Espejo”, daría a conocer esta información, haciendo referencia incluso a sendos mapas mostrados por el alto oficial gringo a los asistentes a la XXXII Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC), reunida a comienzos de junio en Cartagena, Colombia.

En esta ocasión, el general Kelly diría, que si bien su país cuenta con la colaboración de la mayoría de los países latinoamericanos en la lucha antidroga, “no pasa lo mismo con Venezuela, con la que no tenemos mucha cooperación, y sabemos que hay mucha cocaína saliendo de ese país hacia el mercado mundial”.

A lo cual agregaría: “Casi todos los movimientos aéreos con estupefacientes salen de Venezuela y pasan por las islas. Hace dos años la ruta aérea pasaba por países centroamericanos, pero ahora lo hacen por pequeñas islas del Caribe”.

Que tales aseveraciones de este alto oficial estadounidense ocurran en la actual coyuntura política que vive nuestra Venezuela, también revive lo sucedido en Panamá en 1989, cuando luego de ser invadido por tropas de ese país, se detuvo a su presidente, el general Manuel Noriega, siendo llevado a Estados Unidos donde fue enjuiciado por narcotraficante y terminó en una cárcel de EE.UU, dejando inaugurado así la aplicación extraterritorial de sus leyes, y la flagrante violación del derecho internacional.

No es lo que parece

Hoy ya nadie pone en duda que el Plan Colombia no constituyó, ni constituye hoy –ante lo que parece su evidente relanzamiento después de las palabras del general Kelly- un mero plan de lucha antidrogas, sino que se trata de una más de las estrategias que las élites de poder estadounidenses y sus “tanques de pensamiento” han diseñado, como veremos más adelante, a través de su historia imperialista, para perpetuar su hegemonía económica, política, económica y militar sobre el subcontinente latinoamericano, o mejor dicho, sobre sus recursos naturales y minerales, y sus mercados, donde pretenden seguir colocando sus excedentes de producción sin competidor alguno.

Consciente de todo ello, el Comandante Hugo Chávez retomaría las banderas integracionistas del Libertador Simón Bolívar para construir una poderosa muralla a las pretensiones estadounidenses de retomar el control perdido sobre el que siempre han considerado su “patio trasero”, como todo parece indicar, por la vía de la militarización de su política externa hacia nuestra región. Ello luce más evidente a raíz del incremento sostenido del intercambio comercial de la República Popular China con Latinoamérica en condiciones de mutuo beneficio, sin exigencias que atenten contra sus soberanías, ante lo cual las élites de poder de EE.UU estarían temerosas e incluso desesperadas, de cara a un país cuya economía se encuentra en
franca decadencia.

Ante estas señales, y en una jugada magistral, el presidente Chávez le imprimiría a la riqueza petrolera venezolana el valor de una poderosa herramienta para la integración latinoamericana- caribeña, a la vez que el motor de la complementariedad económica y del intercambio justo entre las naciones que integran la región, incluso las de habla inglesa y francesa, y tras tan estratégico paso, surgirían dinámicos y plurales mecanismos integradores, como es al caso de la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA), Petrocaribe, la Unasur y la Celac.

El relanzamiento del Plan Colombia

Con las declaraciones del general Kelly, quedaría pues en evidencia que, con la puesta en marcha del Plan Colombia, lo que se buscaba era la conversión del territorio neogranadino en una gran base militar estadounidense de gran espectro, como de hecho lo es hoy, al albergar 7 bases, lo que le permite a EE.UU emprender incursiones militares hacia Suramérica cuando lo considere necesario para el “resguardo” de sus “intereses y ciudadanos” – como siempre alegan en sus comunicados post intervención-, y lo que es peor, con cesión de soberanía, incluso la judicial, que impide juzgar en Colombia a cualquier soldado norteamericano por la comisión de algún delito en su territorio.

El Plan Colombia, vale recordarlo, fue firmado en 1999 entre el presidente demócrata Bill Clinton y el liberal colombiano, Andrés Pastrana, el mismo que hoy forma parte del coro de expresidentes de la derecha de Latinoamérica y España dedicados a crear la matriz de opinión a nivel internacional
de que el gobierno bolivariano presidido por Nicolás Maduro viola los derechos humanos y políticos de los ciudadanos.

“Desde comienzos de siglo, el Plan Colombia acelera la instalación de FOL –bases militares para transporte aéreo y espionaje – en territorio colombiano a cargo del Comando Sur del ejército estadounidense, con acceso restringido al personal local. (…) Dentro de Colombia se han multiplicado, colocándose estratégicamente para cubrir el área colombiana desde el Oriente y, al mismo tiempo, la frontera con Venezuela”, sostiene Atilio Borón en su libro “América latina en la geopolítica del imperialismo”.

De manera explícita, en el documento contentivo del Plan Colombia, firmado en Estados Unidos por ambos mandatarios, se podía leer que éste tenía el propósito de combatir el narcotráfico, poner punto final al conflicto armado con la guerrilla colombiana y promover el desarrollo económico y social de Colombia. El desembolso inicial del tesoro estadounidense fue de 1.300 millones dólares.

No puede desligarse ese hecho de lo que diría el senador republicano, primer ponente del Plan Colombia en el Senado de los Estados Unidos, Paúl Coverdale, en 1998, un año antes, cuando le tocó exponer el Plan Colombia frente a sus colegas. “Para controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia”, expresión a la que siempre hace mención el periodista Walter Martínez en su programa “Dossier”.

Lo más grave

Cabe agregar aquí que, el Comando Sur contempla dentro de su accionar -redefinido luego del supuesto atentado terrorista contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001- , y con alta prioridad, la “batalla contra el terrorismo y el narcotráfico”, a los cuales se les vincula estrechamente dentro de este nuevo enfoque de la estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. A ello se le agrega la supuesta defensa de “la democracia”, los “derechos humanos” y “la libertad”, entendida esta última como su libertad de empresa y de saqueo de las riquezas de otros países, en nuestro caso, principalmente la petrolera, de la cual poseemos las reservas más grandes del planeta.

Y he aquí lo más grave, en vista de las declaraciones contra Venezuela del actual jefe del Comando Sur, pues este dispositivo militar estadounidense tendría aún hoy entre sus tareas la puesta en marcha, entre otros, del tristemente célebre Plan Colombia. La pregunta entonces es, ¿ponerlo en marcha contra Venezuela?

El analista argentino Atilio Borón sostiene que sobre el despliegue militar de EE.UU en Suramérica, del cual forma parte el Plan Colombia, tiene entre sus objetivos estratégicos “el más inmediato, desestabilizar a la Revolución Bolivariana y, de ser posible, lograr el derrocamiento de Chávez (y ahora al presidente Nicolás Maduro)”, citando al periodista hispano-francés Ignacio Ramonet.

“Con la puesta en marcha del Plan Colombia, lo que se buscaba era la conversión del territorio neogranadino en una gran base militar estadounidense de gran espectro”

Siempre el fantasma Monroe

Al principio llamábamos la atención sobre cómo los “tanques de pensamiento” del imperialismo estadounidense, se han dedicado desde su entronización a construir justificaciones morales y teorías intervencionistas para mantener bajo su dominio a Latinoamérica y el Caribe.

Famosa es la máxima de Monroe lanzada en 1842, en la que sostenía la expresión, “América para los americanos”, lo mismo se puede decir sobre el llamado “Destino manifiesto”.

A uno de esos tanques de pensamiento, Nicholas J. Spykman, estudioso de la geopolítica y denodado partidario del intervencionismo estadounidense, le fue publicado un siglo después de la máxima monroísta, en 1942, su libro “Estados Unidos frente al mundo”.

Vivia Trías, en su libro “Imperialismo y geopolítica en América Latina” (1973), sostiene que Spykman como aislacionistas e intervencionistas coinciden en la premisa monroísta, según la cual EE.UU debe afianzar su dominio en el hemisferio occidental, que incluye por supuesto a Latinoamérica y el Caribe.

“El Nuevo Mundo constituye en conjunto una gran región insular (subcontinental), circundada por los océanos Pacífico, Atlántico y Ártico. Y un estado ondular puede ser abatido de tres maneras bajo la presión militar: la obstrucción del tráfico, el bombardeo de las costas y la invasión”, dice Spykman citado por Trías en su libro.

Más adelante, en referencia a lo que define como seis zonas de importancia geoestratégicas para el imperialismo estadounidense, dice: “Desde el punto de vista geopolítico (…) el linde entre Norte y Suramérica no está en Panamá, sino al Sur de Colombia y Venezuela (…) Esto implica para México, Colombia y Venezuela una situación de absoluta dependencia con respecto a Estados Unidos, de libertad meramente nominal”.

En vista a lo arriba expuesto, pues nada mejor que retomar una máxima leninista sobre el deber revolucionario de conocer la política externa imperialista si no se quiere ser víctimas de sus zarpazos intervencionistas y criminales.

“La política externa es continuación de la política interior”, decía Lenin, citado por Frías, para quien era necesario, “indagar los fundamentos de la política exterior de un Estado, en la economía y en el régimen social de la sociedad”.

“En una jugada magistral, el presidente Chávez le imprimiría a la riqueza petrolera venezolana el valor de una poderosa herramienta para la integración latinoamericanacaribeña”

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